martes, 3 de agosto de 2010

CRÓNICAS DE UN VIAJE SOÑADO. "LOS JARDINES DE JAPÓN" POR KOTORI

FOTOKOTORI

LOS JARDINES DE JAPÓN
Sin salir del asombro que constantemente me embarga en estas calles de Kyoto, volvemos a entrar en los jardines de otro templo.
Ya no soy capaz de distinguir los nombres, todos suenan igual de bien, suenan a hermosura y tengo la sensación de haberlos hecho “uno” en mi mente y en mi corazón, sin límites ni distancias como si los templos de Kyoto y los de todo Japón, se enlazaran entre ellos a través de sus jardines , de la Naturaleza, del mar, del aire y formaran Uno Solo, majestuoso en su sencillez y lleno de recovecos silenciosos en los que lo mismo te inclinas ante un Buda como aparece un Jîzo rodeado de brillantes monedas, o escuchas un manantial del que pende un cazo votivo o te encuentras con un árbol en el que se anudan intenciones, o cómo no, por doquier, te topas con estelas funerarias que están ahí como si nada pasara entre los vivos y los muertos.
Quizá por todo ésto, siempre me acompaña la extraña y agradable sensación de estar en un lugar sagrado y que cualquier rincón de este país está habitado por seres sutiles que se pueden sentir con una cercanía difícil de describir.
Pequeños puentes de madera que se elevan suavemente, apenas una ligera curvatura, dejan su reflejo en los lagos que aparecen y desaparecen entre los bosques de cedros de apariencia silvestre a pesar de pertenecer a proyectos paisajísticos ideados por el hombre, pero que aquí en Japón, han adquirido una dimensión tan mimetizada con los que les inspiraron que es difícil hacer distinciones.
Este hecho me maravilla por lo que habla a favor de quienes los idearon. Lograron comprender la esencia de la Naturaleza y crearon un espacio lo suficientemente respetuoso con Ella para que el milagro fuera posible. Ahora estos bosques están habitados por esos seres, los guardianes de cada árbol, planta o piedra… Lo que para nosotros, los bien pensantes occidentales, es algo inerte, aquí cobra vida y posee su propia alma.

Flotan los patos
dejándose llevar
al otro lado del puente

Me sorprendo al escuchar un sonido peculiar, de pasos marciales, pero que suenan raros…, suenan a madera rozando grava. Al tiempo, me distraigo en observar a un pequeño pajarillo que escarba con sus frágiles patitas sobre el musgo que cubre un inmenso espacio bajo los árboles.
Casi seguro que este jardín es barrido sistemáticamente cada amanecer con sumo cuidado para no dañar el delicado musgo y a lo largo del transcurrir del día se va embelleciendo con acículas y flores que caen sobre él sin apenas hacer ruido, con un sonido tan leve que roza el silencio.
Quedan tendidas sobre el musgo, con el color y la textura de lo que empieza a morir, ramitas, flores de camelia, hojas amarillentas y por allí mismo, caminan los pajarillos que escarban musgos.

Sobre el musgo
con el color de lo que muere
flores de camelia

El sonido de los pasos marciales cada vez está más cerca y en seguida aparecen, en blanco y negro, los hábitos de unos monjes zen que caminan en grupo compacto, sobre sus geta* de madera, origen de ese sonido tan peculiar.
Se detienen ante un Buda que permanece hierático, medio oculto entre la vegetación y se inclinan a modo de respeto para continuar con su sonoro caminar hasta una puerta que les conduce al interior del recinto del Templo.
Casi todos llevan gafas y me asaltan un montón de cuestiones acerca de su vida, de sus intenciones, de su vocación…¡Son tan jóvenes!
Poco a poco tras la escalinata que desemboca en una puerta, desaparecen los dos últimos monjes con sus geta*, sus gafas, sus hábitos y mis preguntas teñidas de anhelo, sin contestar.

Un pájaro en el musgo.
Las “geta” de los monjes
sobre la grava


*Geta: http://es.wikipedia.org/wiki/Geta_(calzado)

Fotografía, texto y haiku por Mercedes Pérez "Kotori"

5 comentarios:

Mª Angeles y Jose dijo...

Un relato lleno de sensaciones, me encanta.

Besos

Juan Carlos Moreno dijo...

Me ha gustado tu haibún, Mercedes
y me ha encantado e haiku del musgo y las flores de camelia

Un Abrazo

Juan Carlos

Alberasan dijo...

Un saludo Mercedes.
Pues... ¡quiero más!
Por cierto, cierras con un precioso haiku.

Au au auuuuu

Mirta Gili dijo...

Merce, cuánto has traído, en tu ser, de ese viaje.
Ha sido fantástico leer los relatos que compartiste, quizás haya más, algún hecho minúsculo despertará otro día tu corazón y aquí estaremos para leerte.
Un haiku fantástico el de cierre, tres versos y la pintura de ese mundo !
Gracias por enriquecernos el espíritu... Un beso

. .Konstantin Dimitrov dijo...

.


Agradable relato, estupendos haikus. Me ha gustado sobre todo el primero.


Un abrazo,

Konstantin