viernes, 22 de abril de 2016

EL HAIKU Y LOS HAIJINES. MÁS ALLÁ DE FRONTERAS MENTALES.







EL HAIKU Y LOS HAIJINES. MÁS ALLÁ DE FRONTERAS MENTALES.


Hace algunos años, por motivos de trabajo, tuve contacto con el mundo flamenco y allí pude observar como “algunos expertos” se empeñaban en separar, clasificar, en definitiva diseñar casi de una manera reduccionista, lo que no podían comprender ya que escapa a su lógica. ¡¿Cómo alguien que no había mamado de pechos flamencos osaba decir que sentía el cante como propio?! ¡Sacrilegio!. 

Sentían que llegaban intrusos  y lo entiendo. De alguna manera su razón de ser perdía sentido al desdibujarse aparentemente los pilares en los que se sustentaba su poder controlador sobre lo que es y debiera de ser. Y sobre todo, sobre el decidir quiénes poseían bajo su criterio, el don divino que los distinguía. 

No sé bien si con el propósito digno y loable de contribuir a la polémica constructiva o por una frustración personal al ser incapaces de Sentir lo que otras personas sienten de forma espontánea, el caso es que todo aquel que no provenía de su “tribu” era cuestionado con crueldad y juzgado con mucha más dureza por tener la osadía de invadir territorio comanche, por mucho arte que tuviera.  Y argumentos tenían todos los del mundo y también los del inframundo.



A día de hoy tengo otra sensación. Veo con gusto que en algunos aspectos las fronteras se han disuelto y no hablo de esa  globalización que ha manipulado la economía a favor de los poderosos. Hablo de otra cosa. 



El Hombre ha llegado a un momento de su historia en que,  con las características peculiares que le distingue, es capaz de incorporar con éxito aspectos enriquecedores de otras culturas que han profundizado en el Ser. Y no de una forma minoritaria como era hasta hace muy poco.

Esto se ha podido llevar a cabo porque el pensamiento que lo sustenta no lo hace sólo desde la cuadrícula encasilladora de la razón, sino desde un prisma holístico, abierto a conectarse, a unirse con algo que engrandece al humano y que puede significar la disolución definitiva del miedo que produce lo desconocido y de paso, de sus fatales consecuencias para la humanidad. 

Mente- corazón en armonía al servicio del conocimiento y la experimentación. Puede que el Saber sea el motor, pero no el fin por el que muchos humanos libres de prejuicios apuestan por diversos caminos para llegar a Ser. 


De ahí que me satisfaga el ver cómo  la meditación, las artes marciales, el bonsái, el ikebana, el haiku, el flamenco, el jazz, el yoga  y un larguísimo y maravilloso etc. estén compuestos por seres humanos de cualquier condición, raza o nacionalidad que han conectado profundamente con la esencia y la sensibilidad que lo sustenta y que no son propiedad privada de nadie aunque hayan velado por ellas como auténticos guardianes a través de los tiempos. Es la universalización real del patrimonio evolutivo humano.

Única condición para incorporarse al camino (inherente a la conciencia evolucionada): el respeto.



Ejemplos hay muchos, unos más conocidos que otros por aquello de la fama y con resultados bien diferentes,  pero sin duda los hay independientemente del lugar donde han nacido. Es una obviedad decir que el haber nacido en Andalucía, no garantiza el saber tocar la guitarra con virtuosismo, ni si quiera garantiza el que tengas entre tus manos una guitarra en esta reencarnación. Cierto es que es más fácil, socio-culturalmente hablando, el acceso a esas fuentes (por aquello de la mayor probabilidad de que un vecino se arranque por bulerías en el Albaicín que en Oklahoma) aunque ahora, con esa disolución de fronteras, ya no es tan así. 




El flamenco no es para entender sino para sentir. Podemos expresar nuestros sentimientos que se esconden en el hondo de nuestro corazón. Por eso, el mundo del flamenco es un lugar muy especial para nosotros, un lugar donde podemos sentirnos libres para expresar nuestros sentimientos. Esa es una de las claves de por qué nos atrae tanto.




Los corazones sensibles y respetuosos, preparados para romperse de pura emoción una y otra vez, son los que acceden sin temor a emprender este viaje, más allá de los idiomas, más allá de las palabras, más allá de las fronteras. Así que escucha lo que tu corazón tiene que decirte y no dejes que la razón censure tus anhelos con pensamientos castrantes e invalidantes. Conecta sin miedo.

El haiku se siente o no se siente. Y si no lo sientes, no te empeñes en forzar a tu corazón. Lo mismo tiene otra vocación tan digna y gratificante como puede ser el haiku. 

Mercedes Pérez, kotori,  haijin por elección libre y voluntaria. Aquí y ahora.


miércoles, 20 de abril de 2016

AMOR Y POLÍTICA de José Aristizábal García.

El abrazo de Juan Genovés





No he podido resistirme a compartir con vosotros algo que en principio os puede chocar, pero que está totalmente relacionado con una forma de concebir el mundo que tiene mucho que ver con el haiku o por lo menos con el haiku tal y como yo lo vivo.
Este libro ha llegado a mis manos hace unos días a través de un gran amigo comprometido hasta la médula con el activismo social. No creo en las casualidades y menos viniendo de un libro, así que os lo recomiendo encarecidamente. Es de una oportunidad que emociona, así que si podéis haceros con èl, no lo dudéis.


AMOR Y POLÍTICA de José Aristizábal G.

Editorial Libro del Dos de Bastos
ISBN: 978-958-8592-36-7
Bogotá, Colombia abril de 2015

Introducción:

El mundo vive una crisis sistémica: las globalizaciones de las finanzas, la guerra y el crimen transnacional han precipitado tormentas económicas, desastres sociales, hecatombes humanitarias y el calentamiento global, también, una quiebra en los paradigmas de valores y las formas de pensar. Pero de ese caos están emergiendo transformaciones profundas y por ello se habla de un cambio de época y de una larga transición. Algunas de esas mutaciones son radicales y vertiginosas, principalmente las que se presentan en las ciencias y las tecnologías. Es asombroso el ritmo en ell que ocurren los nuevos hallazgos en el conocimiento del universo, la microfísica, la biología, la genómica, la informática, las comunicaciones o la energía. Ya estamos en la tercera revolución industrial. Y esas transformaciones también se están produciendo en las formas de vida de la gente y de los movimientos sociales.

Después del hito de mayo de 1968, del alzamiento de Chiapas, del Caracazo y de los campanazos de Seatle en 1999 por otra globalización, se han desatado grandes turbulencias, sublevaciones o insurrecciones locales en América Latina, el mundo árabe y el sur de Europa. Los diversos feminismos, el ecologismo, las mingas indígenas, las plazas de los indignados, el 15M y las revueltas de Grecia, Turquía y Brasil marcan rupturas y saltos importante. También en Colombia transitamos ahora de un viejo conflicto armado de 50 años, a la posibilidad de una emergencia de la paz.
En medio de esta profusión de cambios y rupturas, de un mundo que se hunde y otro que aparece ¿qué pasa con la política? Resulta una obviedad y expresa muy poco decir que ella vive una crisis, que es profunda, o irreversible; quizás sea mejor hablar de su degradación y suplantación, que los mercados la han secuestrado y estrangulado, igual que lo ha hecho la guerra y el estado de excepción. Ella involuciona anclada y restaurada  en las más arcaicas concepciones del poder, la soberanía, el , el patriarcalismo y la racionalidad instrumental.

Pero al tiempo que la política retrocede en esa deriva hacia su degradación, la biología, la neurociencia, las ciencias cognitivas, la sicología, la medicina, la enfermería, la ecología otorgan una importancia cada vez mayor a la empatía, la cooperación, la sociabilidad, las emociones y la vida en armonía con la naturaleza. Y en la misma política se reconoce que los valores del compañerismo, la camaradería, la ayuda mutua, la solidaridad, la  fraternidad, el activismo, la defensa de lo que es común y la pasión por las luchas sociales o políticas son grados distintos del afecto.

Y por este camino, avanzando en la instigación, encontramos que la cooperación, la asociación, y  la empatía nos vienen de la evolución de la vida que, con el advenimiento de lo humano, se han transmutado en el amor. Que el amores está en potencia en cada ser humano y  llegamos a otra visión del amor, a las gigantescas energías que él es capaz de desatar, y a las relaciones y desencuentros que han existido entre amor y política.

El propósito de este libro es argumentar las tesis sobre el amor como la riqueza más grande de lo humano, como la potencia más transformadora que existe, capaz de convertirse en una fuerza espiritual y material, es mostrarlo en cuanto la energía emancipatoria más poderos y por ello mismo, uno de los fundamentos de la política.

El amor del que aquí hablamos no es el amor romántico de las parejas, idealizado y puesto al servicio del patriarcado y el capitalismo; no es el romance mercantilizado para el consumo y va más allá del amor a los seres humanos. Aquí tratamos de recoger el conjunto de lo que llamamos la constelación del amor, que abarca desde Eros a ágape, hasta Gaia, la Madre Tierra, pasando por la amistad, el amor a las demás personas, al sí mismo, a la vida y a la sabiduría. Esta visión más amplia es la que permite recuperar la unidad entre afectos e inteligencia, sensualidad y razón, pasión política y sabiduría, amor y conciencia, es decir, recuperar la hermosa completud humana de seres sentipensantes con una racionalidad sensual. Y, por este camino, llegar al amor consciente o conciencia amorosa, al amor político o amor emancipatorio.

El amor son vínculos de afecto y reciprocidad entre las personas, donde cada quien es un fin en sí mismo, otro legítimo en la convivencia con uno. Si el poder, el capital y el Estado son relaciones sociales alienadas o deshumanizados que convierten a las personas en medios o mercancías, el amor es que puede desalienar esas relaciones y volverlas a transformar en vínculos entre personas; es el que nos reconcilia con la naturaleza, con la vida, con los otros, las otras y a cada uno consigo mismo.
El amor es el mayor creador de redes y energías porque es el calor, alegría, lo que une, lo que atrae; es la unidad de Eros y el ágape, que vencen la indiferencia, el miedo, la guerra y la violencia; ninguna otra idea o emoción tiene más fuerza para unir y expandir. La revolución es un acto de amor. Y el amor es el verdadero motor de las insurrecciones.

Sin embargo, ninguna política plantea una conexión con el amor, ni lo incluye en sus principios o programas. Aunque día a día las distintas manifestaciones del amor desempeñan un papel tan importante en nuestras vidas, tampoco la llamada ciencia política tiene un lugar para el amor. ¿Por qué ese abismo entre amor y política¿ ¿A qué se debe semejante divorcio, si la emancipación política nace del amor a los demás y a la humanidad, si la autonomía surge del amor al sí mismo, si la conciencia de la realidad requiere del amor al conocimiento y la auténtica fraternidad política es la que brota del amor?

Eso puede entenderse si analizamos las políticas existentes hasta ahora: políticas del patriarcalismo y la androcracia, de una mitad de la humanidad que, para excluir a la otra, ha negado y subordinado al amor; políticas del antropocentrismo que, con el argumento de la supremacía del ser humano, pretenden un dominio ilimitado sobre la naturaleza y niegan el amor a la vida; políticas de la soberanía centradas en la defensa del Estado que se basan en el paradigma del homo homini lupus, es decir, en la violencia, la supuesta guerra de todos contra todos; políticas de la racionalidad instrumental: de la tiranía de la razón de las emociones y la sensualidad que, en aras de la objetividad, expulsa al amor y a los sentimientos del  mundo de la ciencia. Han sido políticas tributarias de la  dominación y la violencia que, siempre enemigas del amor, han establecido rupturas y jerarquía entre la razón y sentimientos, facultades superiores e inferiores, conciencia y amor, mente y cuerpo, hombres y mujeres.

Para cambiar el mundo y cambiarnos a nosotros mismos se requieren unas energías gigantescas. Y éstas se encuentran en el amor, cuyas semillas están en cada uno de nosotros. El amor a sí mismo unido a la pasión por el conocimiento es la fuerza que más puede producir cambios en la conciencia y la subjetividad. El amor a la vida y a la Tierra nos ayuda a recuperar la armonía con la naturaleza, a reconectarnos con la vida, esto es, a tomar conciencia de la biosfera y superar la crisis ecológica que destruye los ecosistemas y recalienta el planeta. El amor a las otras y los otros es lo que nos puede mover a reconocernos, aceptarnos y reconciliarnos, ajuntarnos para enfrentar las crisis humanitarias producidas por las guerras y la crisis social que nos condena al desempleo, la pobreza y el escándalo del hambre. Los sentimientos de afecto y solidaridad con una humanidad subyugada por el trabajo enajenado, unidos a la autoorganización, la autogestión y la autonomía son fuerzas que nos movilizan para romper con el capital Y EL Estado. Y para vencer al patriarcado y la androcracia necesitamos la revolución de las mujeres, pero también una reforma de la masculinidad que mueva a los varones a liberar el amor, la sensibilidad y los sentimientos reprimidos en su interior.

Si las anteriores consideraciones tienen validez, entonces la política debe incluir los afectos políticos y el amor dentro de sus temas principales. La emoción del amor unida a la conciencia es lo que más puede hacer brotar vínculos comunitarios, vínculos fuertes entre las personas, tan indispensables para cambiar el mundo. El amor consciente nos produce alegría en la resit3encia, nos hace recordar a los que sufren, los que tienen hambre, lo que luchan en otras partes y  nos dice que no bastacon nuestra pequeña lucha o nuestro colectivo; que es necesario ampliar la autonomía, que la vida siempre es devenir, que todo aquí y ahora se puede transformar y siempre puede haber un nuevo comienzo que no sea más de lo mismo.

El amor es el eje vertebrador de este libro; pero antes de llegar a él, con la finalidad de encontrar las raíces más profundas de sus potencialidades y dilucdar luego su relación con la política, es necesario dedicar los primeros capítulos a ahablar de las iquezas de la vida y las riquezas de lo humano.
Arrancamos de la vida porque allí están nuestros orígenes y si no la valoramos, difícilmente podremos valorar lo humano. La actual desvalorización de la vida humana y la vida en general es correlativa con que los únicos valores que valorizan sean los que se cotizan en la Bolsa. Mitos, ideologías y grandes intereses económicos han apartado al ser humano de la naturaleza y depositado una gruesa capa de prejuicios y sofismas sobre nuestra conciencia que nos impide apreciar la belleza y la sabiduría de la vida, lo que ella significa. Acostumbrados a usarla como un reglo antele cual no tenemos ninguna responsabilidad y a ver cómo se elimina, igual que cualquier objeto o mercancía, henos perdido el respeto y la capacidad de asombro ante ella.

Engreídos con nuestras tecnología, no nos maravillamos por ese portentoso complejo industrial que es la célula, inventada y reinventada todos los días desde hace más de tres millones de años. Tampoco valoramos sus riquezas, como su autopoiesis o capacidad de autocreación o autoproducción, su creatividad, su sostenibilidad.

Jamás ninguna otra civilización había negado tanto la vida como ésta. Si el pensamiento político y las ciencias contemporáneas no superan estas separaciones entre cultura y vida, ser humano y naturaleza y restablecen su unidad, no podrán frenar las fatales consecuencias de esa negación. No cabe política que pueda proteger o salvaguardar lo humanos si no se posiciona de una manera radical en la defensa de la vida.

Y la defensa de la vida nos vuelve al amor, pues es del amor y su potencia de donde pueden surgir políticas para la vida que enfrenten y derroten las políticas de la muerte. Así, esta amor político o emancipatorio que propones y argumentamos aquí, también está conectado con la vida.




miércoles, 6 de abril de 2016

CHARLA SOBRE HAIKU EN LA FUNDACIÓN JOSÉ HIERRO CON MOTIVO DE LA PRESENTACIÓN DE "SIN OTRA LUZ"



CHARLA PRESENTACIÓN DE “SIN OTRA LUZ”  EN LA FUNDACIÓN CENTRO DE POESÍA JOSE HIERRO

Buenas noches… Ante todo, quisiera agradecer en mi nombre , Mercedes y en el de mis compañeros, Manuel Díez Orzas y Félix Arce, la amable invitación de la fundación Centro de Poesía José Hierro para que estos tres locos haijines, españoles, para mayor inri, vengan ante Vds. a hablarles de algo tan inmensamente pequeño como es el haiku.

Hay que estar un poco locos sí, para aventurarse por un camino aparentemente  ajeno a nuestra cultura, y también, hay que ser osados, al intentar reclamar un espacio honorable en occidente para el haiku japonés, considerado por algunos como algo menor, casi superficial y sin sustancia. 

Puede que este pensamiento erróneo perdure, entre otras cosas a que una de las características del Haiku-dô, es la de la humildad.Los haijines que hacen del haiku una forma de vida, de ser y estar en el mundo, no han puesto mucho empeño en defender nada, porque han creído que lo que es auténtico, “makoto”, permanecería a salvo preservando por sí mismo el sentido que lo origina, y puede que sea cierto o puede que no….
 
A grandes rasgos, porque por supuesto hay hermosas excepciones, la dinámica insana de un tipo de sociedad de dudosos valores, está adquiriendo tal velocidad y lo hace además con tal fuerza que lo mismo ha llegado el momento de salir del refugio y comenzar a levantar pequeños diques que defiendan al haiku de la riada de la frivolidad o de la superficialidad. Porque hoy, más que nunca, se corre el riesgo de banalizar el haiku -como se banalizan tantas cosas- y que se convierta en un producto de consumo rápido…
En una sociedad como ésta en la que vivimos, que no profundiza en casi nada -tan alejada de los valores en los que el haiku se inspira,- una sociedad rebosante de contaminación, stress, competitividad, tv. basura, consumo desmesurado, materialismo a ultranza, corrupción, insolidaridad… en un mundo así, el haiku, lo tiene crudo porque no mira precisamente hacia ese lado, más bien al contrario.

El haiku nace de la contemplación de la Naturaleza y del ser humano en relación directa y armoniosa con ella. Y en este sentido, este haiku que es el que a  nosotros nos conmueve, resulta terriblemente revolucionario. Es como el micro chip de un arma secreta DE REGENERACIÓN MASIVA que guarda entre sus diecisiete sílabas o sonidos la información de lo que Es, de la Vida….

Bromas aparte, cuando uno inicia este camino con algo más que las meras ganas de experimentar con la aparente facilidad que supone el escribir haiku, como es lógico pensar: “ nada, tres versitos que ni tienen que rimar, ni nada, esto no tiene más misterio” , y efectivamente, los hay que se han puesto a ello escribiendo algunas estrofas que en la forma se asemejan al haiku, pero que ahí se han quedado, atrapados en la forma,- curiosamente, quizás la característica  más prescindible del haiku-. 

Pues como íbamos diciendo: cuando alguien se acerca a mirar y ve más allá de la forma que se la ha dado en occidente con el archiconocido “5-7-5”,  se encuentra con sorpresas.  

En el libro “El espacio interior del haiku”  editado por Shinde -libro que recomendamos encarecidamente- su autor Vicente Haya escribe lo siguiente: 

Cuando uno por primera vez en su vida se encuentra con haiku japonés, no da crédito a lo que lee. El haiku que ahora citamos podría ser un típico ejemplo:
 (Haku-un)
Shika no ashi
yoromeki hososhi
kusamomiji

Las patas delgadas del ciervo
dan un traspiés
La hierba roja de otoño


…Un ciervo que da un traspiés en la hierba….Y, ante eso, surge inevitable la pregunta del lector occidental profano en la materia: “Realmente, ¿tiene esto importancia como para escribir un poema?”.
Para el alma japonesa está claro: si un traspiés de un ciervo de patas delgadas no tuviera importancia, la realidad misma se desplomaría. No habría nada capaz de resistir la eliminación de un instante que ya hubiera sucedido; la puesta del sol, la presencia luminosa de la luna en el cielo estrellado, la llegada de la primavera, la nieve cubriendo los campos…, todo se desharía como polvo al viento si un traspiés de un ciervo fuera algo indiferente. El poeta japonés sabe, aunque no lo formule, que cualquier cosa importa porque pertenece al todo, a la realidad que no puede ser si no como es. La realidad va siendo formada por lo que sucede, y lo que sucede es el resultado de los seres, con sus características naturalezas. Atender a estas naturalezas es el único rito que se nos pide en nuestro camino de “realización”, de transformación de nosotros mismos en la realidad que nos asombra.

Para comenzar a “intentar” escribir haiku,- como bien apunta Jose María Bermejo en su prólogo de “Instantes”- has de acercarte  a él con la misma actitud que Sen no Rikyû exigía para la Ceremonia de Té : 

Con wa, armonía, kei, respeto, sei, pureza y jaku, quietud.



Casi nada… ¿verdad?
Inmediatamente, caerás en la cuenta que escribir haiku no es tan fácil, porque el haiku- dô, te exige como primer paso, desprenderte de toda adherencia cultural y de todo ego y eso, amigos y amigas, es un gran reto. 

Dile a tu mente, es decir, dite a ti mismo, que tú no vales nada para el haiku o que vales tanto menos que un piojo.
Que tus sentimientos humanos como el amor, el desamor, el odio, las pasiones, no tienen cabida en él.
Que has de convertirte en un tubo hueco, en una caja de resonancia en la que se interpretará una melodía que no has escrito porque simplemente eres testigo de lo que acontece y tu única responsabilidad es estar afinado para que la melodía suene lo mejor posible.
Al mismo tiempo, disponte a adiestrar los sentidos, (no los sentimientos que de eso sabemos mucho en occidente). Unos sentidos adormecidos por una cultura en la que prima lo mental, (el hemisferio izquierdo hiperactivo) y mientras haces todo ésto, pon en marcha el mecanismo que conecte tu mente y tu corazón. 

Simbólicamente  has de defenestrarte para armonizar tu ser y volver a integrarte en el Todo, dejando de estar separado por una mente que te sitúa, por el hecho de ser un humano, en una posición de privilegio sobre la Naturaleza, distanciándote prepotentemente de todos los demás seres que la habitan.
Una vez destruidos  y aniquilados todos nuestros apoyos, todo lo que el intelecto fue creando a lo largo de nuestra existencia…¿en que nos hemos convertido? probablemente, en algo parecido a un niño… o al menos, eso sería lo ideal.

Mirar por el pequeño agujerito que es el haiku con la inocencia con la que los niños se acercan a las cosas, es como mirar a través del ojo de una cerradura. De pronto, tras aquella puerta que tan sólo deja pasar algo de luz por la oquedad en la que encaja una llave, tu mirada, tu sentir se focaliza en lo que parece perdido en una inmensidad de estímulos. Un mundo rico en sensaciones, vivo, cambiante, luminoso, sucede ante nosotros y seremos testigos del regalo de lo que acontece, el milagro de la vida y la muerte, de lo bello y lo efímero y por qué no, también de lo triste, lo feo, lo descompuesto, lo que se acaba.





Cualquier suceso tiene derecho a habitar en el haiku. No todo son pétalos de cerezo…

En el siglo XVII, Tohô, uno de los discípulos de Bashô subraya que ”el haiku fija en un instante dado las cosas que se mueren, antes de que se extingan en el espíritu…

El haiku, no es literatura; no es una exhibición poética, aunque sea una estrofa que pretende captar los asombros humanos haciéndose con esos instantes de un  modo próximo a lo poético, ya que promueve en el ánimo, tanto en el propio como en el ajeno, una conmoción profunda e intensa.
Por ello, por no ser literatura, no debe contener figuras literarias ni palabras rebuscadas o elegantes…
Si las palabras que se usan en el haiku son  pretenciosas o demasiado cultas, el propio autor toma disimuladamente el protagonismo del haiku constituyéndose en el objeto del poema, hablándonos de las bellezas literarias que es capaz de manejar con destreza y apagando con ello, el brillo del mundo, que es el objeto real del haiku
El haijin debe hablarnos de lo que ocurre ante él, pero no desde la imaginación ni la abstracción.
El haiku no es una elaboración arquitectónica de la mente humana… El haiku como dice V. Haya, “sólo pretende plasmar la esencia tal y como es para transmitir así un misterio sin tener que explicarlo”.
Por lo tanto, para nosotros tres, el haiku es parte de un adiestramiento espiritual que nos invita a desaparecer voluntariamente, dentro de un maravilloso mundo preñado de asombros,  y de esa manera “intentar” armonizarnos con él.
Y ha sido en este camino del haiku donde hemos coincidido y por lo menos hasta ahora, si nadie lo remedia, seguimos caminando juntos, unidos por un mismo sentir del haiku... porque seguimos dando pasos y  seguramente, más de un traspié.
El camino del haiku, afortunadamente, no tiene una meta de llegada, la meta, es el caminar.

Hoy queremos presentarles un libro, SIN OTRA LUZ, que se ha abierto paso al mundo, gracias a la enorme paciencia de selección que V. Haya tuvo a bien hacer de entre unos mil haikus o más que juntamos entre los tres.
En el año 2009 y a través de un curso que dio en su blog El Alma del Haiku, la fortuna quiso unirnos en un viaje a Japón que realizamos en marzo de 2010 y que marcó un antes y un después en nuestro camino.
Desde entonces, nuestros pasos van dirigidos a trabajar y difundir el haiku tal y como nos lo ha enseñado a nosotros nuestro maestro Vicente Haya.
Para los profanos del mundo del haiku, tenemos que decir que V. Haya, es Doctor en Filosofía Pura por la universidad de Sevilla y uno de los más destacados estudiosos y traductores contemporáneos de la literatura japonesa. Es alumno directo de Reiji Nagakawa. Entre sus ensayos como niponólogo especializado en el género poético del haiku destacan “El corazón del haiku. La expresión de lo sagrado”, “El espacio interior del haiku”, o “El haiku –dô”. Además es traductor del original de más  de un millar de haikus, siendo en la actualidad el máximo especialista de nuestro país en poesía japonés.
Y ahora, con su permiso, cedo la palabra a mis compañeros para que relaten su experiencia personal en torno al haiku. Tras sus intervenciones, recitaremos unos  haikus del libro Sin otra luz y a continuación atenderemos gustosos y en la medida de nuestras posibilidades a sus preguntas, si es que hay alguna.
Gracias por su asistencia.