Merce, Concha, Mamá, Carmela y la Abuela Carmen. Madrid 1980.
Sólo hace un mes, Mamá, desde que nos dejaste en este planeta para viajar hacia esa Luz que no temías. Apenas he podido escribir en estos tiempos en los que la enfermedad se cebó contigo. Todavía recuerdo con desasosiego la sensación de certeza que tuve al comienzo de año de que se había iniciado un proceso imparable y que iba adquiriendo velocidad en una cuesta abajo helada.
Leí en tus ojos, idos y turbios, que ya casi no estabas aquí, y también leí, cuando eras consciente del deterioro de tu ser, que querías sin dudarlo, irte a un mundo donde sintieras que conservabas tu dignidad intacta. No por nosotros, sino por tí. Tu derecho a decidir vivir y morir dignamente, quizás lo único que te quedaba por pedirnos, a pesar de lo que suponía para los que te queremos, el nombrar lo innombrable. Nos confrontastes con nuestras sombras más temidas.
Mami querida... gracias de corazón por todos y cada uno los momentos que compartimos entre risas y llantos, porque de todo hubo. Te quiero. Y como te dijeron tus bisnietos al despedirse de tí en el hospital, que tengas buen viaje.
HAIKUS
SOBRE LA ENFERMEDAD Y MUERTE DE MI MADRE
mi
madre enferma;
un
viento helado agita
el
almendro en flor
vuelta
al hospital…
nubes
artificiales
velan
la luz
inútilmente
los
gorriones en la higuera
esperan
a mi madre
la
abuela reniega;
en
sus manos temblorosas
un
huevo
la
casa familiar…
tras
el arcoíris
la
nieve del monte
arrullo
de paloma;
“esa
eres tú… esa eres tú”
musita
la moribunda
otro
amanecer
la
luz mortecina
que
dejan las estelas
enferma
de muerte
ante
su jardín…
“este
año habrá fruta”
ala
geriátrica;
en
la pared desconchada
la
sombra del viento
beso
la frente
de
mi madre moribunda…
el
sabor del mar
recuerdo
a mamá….
se
ha subido a flor
el
llantén del prado
-^-
