jueves, 6 de diciembre de 2018

LA CHOZA DEL HAIJIN 俳人の山小屋 EL CAMINO DEL AGRADECIMIENTO por Mercedes Pérez





LA CHOZA DEL HAIJIN

俳人の山小





Encuentro de haiku en Aýna (Albacete) 2011




EL CAMINO DEL AGRADECIMIENTO por Mercedes Pérez


“No me consideraría una persona digna si llegado a este punto obviara la mayor de mis certezas  en el mundo del Haiku- dô y es la de que no lo podría haber hecho sin la cercanía y amistad de haijines, caminantes y peregrinos con los que he transitado  y sigo haciéndolo,  en la búsqueda de algo de luz que desbroce el camino del haiku en castellano. Sin duda, el mejor regalo que me ha traído el haiku entretejido entre sus versos.
Hace unos años, redacté unas palabras que sigo suscribiendo y que aunque no sean una novedad para muchos de vosotros, me gustaría volver a compartirlas porque siguen representando lo que siento…”.  Así es como estaba esbozada, en un principio, esta última entrega  de LA CHOZA DEL HAIJIN. Pero algo ocurrió en este año que ha tenido un gran impacto en mi vida y que no puedo obviar: la muerte de mi padre. Por ello, también quiero ofrecerle mi agradecimiento a él que me enseñó a amar a los pájaros.  Y la mejor forma que tengo de hacerlo, a pesar de las dudas y el pudor que me produce, es mostrar lo que en estos meses fue surgiendo en forma de haiku y que me ayudó de manera incuestionable a mantener el rumbo dentro de la tormenta. Que el haiku es una vía de sanación, no me cabe la menor duda. El haiku es mi propósito de vida, mi ikigai.

Dômo arigatô gozaimishita.






HAIKUS A LA MUERTE DE MI PADRE



Diario haiku sobre la enfermedad de mi padre,  año 2018.

FEBRERO… tan sólo un pequeño dolor que te hacía difícil el caminar y sin embargo lo hacías. Pensábamos en una simple hernia, seguro que con la natación en agua calentita te ibas a mejorar. Pero la vida parece tener su propia idea de cómo han de ser las cosas…

el cáncer de papá…
una pareja de gansos silvestres
en la ventisca

MARZO ha sido un mes en el que ha llovido y ha nevado mucho. Del hospital a casa… Más pruebas e incertidumbre sobre el alcance de su enfermedad. Me voy a vivir a la casa de mis padres para estar cerca de él. Nos enfrentamos a cosas que dan miedo: medicaciones, efectos secundarios, alucinaciones, certezas…



afeito a mi padre…
por las flores de almendro
resbala la lluvia

-.-

sala de quimio;
sin mirarnos  y sin mirar,
busco su mano

-.-

algo de sol…
el médico se va silbando
 Entre candilejas

-.-

la luz del alba
en la cama del enfermo;
malas noticias

-.-

gorriones bajo el jazmín…
mendrugos en un cuenco
lleno de lluvia

-.-

Día del padre…
desde su lecho contemplar
como cuaja la nieve

-.-


nieve sobre las flores;
en la primera arcada,
la dentadura

-.-

intensa nevada…
de sus ojos  desaparece
el dolor de huesos

-.-

la sonrisa de papá…
el rabilargo voltea
mendrugos con nieve

-.-

noche de vendaval;
también yo veo
hormigas negras

-.-


para mi padre enfermo
el olor de la lluvia
en las violetas

-.-


ABRIL nos ha traído la certeza del alcance de la enfermedad de mi padre. El tiempo… queda poco, siempre es poco cuando se trata de un ser querido. Imposible seguir cuidándole en casa a pesar de nuestra mejor disposición para hacerlo. Nos trasladamos a la unidad de cuidados paliativos en el Hospital de la Fuenfría, un paraje impresionante en plena montaña.

-¡Qué un buen lugar para partir!–pienso- Aquí se está más cerca del cielo que de la tierra.

Un bosque de pinos silvestres, cerezos y ciruelos nos acompañan aliviando la tristeza del momento. La nieve y las flores. Un regalo para mi padre que así lo vive. Las aves diurnas y nocturnas nos retan a reconocerlas, aliviando el tedio de las horas en la habitación que poco a poco se ha ido llenando de recuerdos traídos de casa: fotografías, el reloj despertador que insiste en tener a la vista, un jarrón para las flores de su jardín… Es consciente de que nunca volverá a pisar su casa y lo lleva bastante bien. Con un agradecimiento que me resulta ejemplar por el optimismo que encierra y  que yo no poseo, me dice que siente que está viviendo unas vacaciones primaverales en un lugar precioso y que, curiosamente, frecuentó mucho en su juventud cuando acampaba por la zona.

vuelvo al hospital…
entre la calima
los ciruelos en flor

-.-


desde su lecho
papá distingue
la voz de las cornejas

-.-

un paseo al solecito,
de vez en cuando nos caen
pétalos de ciruelo




Es MAYO y sigue nevando aunque la nieve no llega a cuajar debido al calor que ya tiene la tierra. Vivimos momentos que van de la risa al llanto, de la desesperación a la aceptación. “Celebramos” que el día 12 hizo dos años que “mamá nació en el cielo”. –Es una forma de verlo- me dice con los ojos turbios por las lágrimas que guarda para sí.

un reflejo
en el retrato de mi madre…
la cama del hospital


-.-


vómito oscuro…
mi padre pide que le limpie
las lágrimas

-.-

mientras coge cosas
que no veo,
mi padre me llama mama

-.-

papá habla
con su hermana difunta…
de azul a blanco, el cielo



El día 23 de Mayo de 2018 a la 1: 48 de la madrugada, papá ha fallecido agarrado a mi mano y en total calma. Cuando salgo, aturdida y agotada, del hospital camino de casa, en el pinar resuena la voz de un cárabo. Lejos de sentir aprensión o miedo, tengo una maravillosa conexión con lo inefable. Me voy en paz.

Que la tierra te sea leve y a nosotras también.

papá ha suspirado
tres veces…desde el pinar
 la voz del cárabo





Mercedes Pérez para ERDH , diciembre 2018








1 comentario:

紅葉 momiji dijo...

Sobrecogedor....
Repito lo que te dije cuando los leí por primera vez. Estos son los haikus que yo nunca fui capaz de escribir en su momento, en mi momento.
Sobrecogedor...

Y hermoso. Aunque parezca increíble. El haiku germina y se nutre en lo más profundo del mundo, de nosotros mismos, allí donde siempre brilla la luz.

Besos.