sábado, 27 de julio de 2019

ASOMBROS, DESAZONES Y PLACERES


fotokotori


 ASOMBROS, DESAZONES Y PLACERES QUE MUCHAS VECES SE MEZCLAN ENTRE ELLOS BORRANDO LAS FRONTERAS

ASOMBROS 

-Contemplar mientras nado  cómo vienen a beber las golondrinas
-Pasar la mano rozando el musgo fresco que crece en la tapia
-Oler la tomatera que nació sola en el jardín
-Escuchar al autillo a lo lejos, mientras contemplo las estrellas
-Ver como brota con fuerza la higuera que el viento arrancó de cuajo y mi hijo y yo volvimos  a plantar
-Esperar a que la gallina termine de poner, meter la mano entre sus plumas y recoger el huevo caliente y húmedo.
-Que una mariposa azul salga del seto y se pose fresca, en mi mano.
-El borboteo en las noches de calor, del estanque con carpas del jardín de mi hermana
-Oír en mi madre la voz de mi abuela…Oir en mi voz, la voz de mi madre.
-Que el viento del Este huela a mar.
-Despertar de madrugada con el roce de los visillos y sentir que huele a jazmín
-El silencio que se hace en la tierra cuando nieva
-El color rojo de la sandía cuando crujiente, se abre
-El primer canto del pájaro oculto en la copa del árbol, tras la tormenta
-Las huellas de los animales en la nieve
-
DESAZONES

-Escuchar los latidos del corazón mientras intento dormir
-Esconderme bajo la sábana mientras revolotea en el cuarto un murciélago
-Meter la mano en una arqueta llena de hojarasca para abrir la llave de paso
-Caminar con los ojos cerrados por  un pinar mientras anochece
-Que suene el teléfono de madrugada
-Ver una culebra cruzando a pleno sol el camino por el que voy
-Los crujidos de las hierbas después de haber visto la culebra
-Sentir la mirada de un extraño en la nuca
-Caminar sola por los pasillos del metro y escuchar pasos detrás de ti
-Que el vendaval haga crujir el tejado y doble los árboles
-Contar despacio  después de ver el relámpago y que truene antes del “2”
-Soñar que no puedo hablar con mi gente porque me equivoco al marcar el número, o no hay cobertura, o me quedo sin batería
-La mirada de los niños con cáncer
-Morder un melocotón sin pelar
-El lamento de un perro en plena noche
-Cazar un moscón y sentirlo vivo en el hueco de la mano
-Escuchar el revuelo de un pájaro atrapado en el tubo de la chimenea
-Encontrar bajo el árbol un pajarillo lleno de hormigas
-El revoloteo errático de los murciélagos
-Encontrar una garrapata en mi perro
-

PLACERES

-Estar tumbada en la fresca hierba y que mi nietecito camine por mi espalda
-Ver “Up” con mi nieto mientras comemos palomitas con sal y limón, arrebujados en el sofá y reírnos  de las mismas cosas.
-Los chupetones del bebé hambriento en el pecho y su mirada.
-La alegría en los ojos de mi padre al descubrir un nido de abejarucos en el hueco del viejo platanero
-Oler la ropa recién planchada
-En el invierno, mojar galletas con mantequilla salada y helada, en el café con leche bien caliente y dejar que se disuelva  en la boca.
-Ver a un padre hacer reír a su hijo pequeño
-Abrir un libro y encontrar un poema que mi hijo hizo un Día de la Madre, hace ya muchos años…
-Ir de la mano de mi abuela la noche que descubrió el mar
-Beber a sorbos sopa de miso hirviendo mientras afuera, nieva.









sábado, 13 de julio de 2019

LA TIERRA DE UN SOLO COLOR... UN SUEÑO



LA TIERRA DE UN SOLO COLOR

El traqueteo casi imaginario del shinkansen Tsubame* que me lleva a la isla Kyûsu y la tranquilidad que da el saberme a salvo de robos y demás percances, dibujan en mi cara una sonrisa bobalicona de la que soy consciente gracias al reflejo que de vez en cuando veo en la ventanilla del tren bala con nombre de pájaro en el que viajo acurrucada.
 A una velocidad inapreciable debido a la distancia, cientos de estelas funerarias en arrozales que reflejan el cielo, barcas varadas en el lodo, torii en la orilla de bosques sagrados o cuervos caminando por la nieve de primavera, van dejando en mí una impronta de acuarela con efecto de tinta corrida a la espera de ser perfilada en algún momento que desconozco si llegará. Un paisaje hipnótico que carece de significado en un espacio en continuo movimiento. Imágenes absurdas que cobran sentido más allá de la razón, porque forman parte de mí sin yo saberlo.
A pesar del tiempo transcurrido, a pesar de la nebulosa que se apodera de los recuerdos y las vivencias, aquí estoy, de pie, quieta y sola bajo una lluvia que no cesa observando un peculiar y minúsculo taller artesanal en un callejón del barrio antiguo de Nagasaki. Apenas metro y medio de fachada abierta a los elementos, resguardado tan solo por un toldo de plástico traslúcido y un pequeño mostrador que limita el aquí y el ahora con el más allá. En el centro de aquella estancia hay un irori* hundido en el suelo de tierra como única fuente de calor y casi de luz. Junto a él, un hombre vestido a la antigua usanza con aire de ser un alma vieja,  pinta sobre papel de arroz paisajes y  poemas. De vez en cuando levanta la mirada hacia la nada y bebe en silencio un sorbo de té. Da igual que, sin el menor pudor, le mire desde el callejón, ni que la lluvia golpee atronadora sobre el enorme paraguas rojo que me cobija. Parece que esa pertinaz cortina de agua me hace invisible a sus ojos.
En la pared del fondo rozando un rincón del taller, hay una puerta entreabierta que aviva desde la penumbra la oscuridad de un espacio que se intuye grande y profundo. Da la sensación de que este pequeño hombre es el guardián de la entrada a un lugar sagrado y que protege un gran tesoro con su presencia.
De pronto, tras el calor que sale del fogón y que hace temblar ligeramente el aire, se hacen visibles una mujer vestida como una pobre campesina y un niño. Ambos están en cuclillas observando al varón. Parecen su familia, pero ¡son tan diferentes!
La mujer descubre cerca del irori un sapo que infla su buche. Sin ningún tipo de emoción, lo rocía con un líquido y le prende fuego. En su agonía silenciosa, el sapo se convierte en un pato sin plumas que al tiempo, se metamorfosea en un conejo sin piel, brillante, casi etéreo, como un holograma o como una nube a punto de romperse en el cielo. Y ante mi asombro, ¡no pasa nada! Esa acción violenta no altera la atmósfera de la estancia. Es como si no hubiera ocurrido allí.  El pintor inmutable, abstraído, moja el pincel en el suzuri* al tiempo que recoge con un viril gesto la manga de su kimono. Por un instante, contiene la respiración. Yo también.
Mientras el pelo del pincel se desliza sobre el papel de arroz,  la lluvia se acalla convirtiéndose en un húmedo roce que va cobrando significado:
” El dolor sólo tiene sentido en este mundo”
Levanta la vista de la caligrafía y mirándome a los ojos por primera vez  pero sin sorprenderse por mi presencia, me indica la puerta que en la penumbra, espera a ser traspasada.
Dudo y pregunto con voz muda:
 -¿Y debo ser yo? ¿Acaso me estabas esperando?-
Una ráfaga de viento, la misma que hace temblar al enorme alcanforero de la colina sembrada de tumbas, arranca el paraguas de mi mano y quedo en un segundo, empapada de tibieza hasta el alma. Miro mis pies descalzos, desnudos, limpios que se encaminan hacia la puerta que indica el pintor. No puedo hacer nada por evitarlo, ni quiero. Las huellas húmedas de mis pies quedan dibujadas en el tatami que piso y tengo la certeza de que no se van a borrar a pesar de su efímero destino de impermanencia.
Tras esa puerta abierta en la penumbra comienza a nevar, tan copiosamente que el mundo desaparece fulgurante en una blancura que todo lo iguala: la Tierra de un solo color.
El tren Golondrina se ha detenido en medio de la nada por primera vez en su historia. Imposible avanzar por caminos que ya no existen. El silencio de la enorme nevada le ha acallado a él también.
Ahora sé que no existo. Que sólo soy conciencia que observa sin poder intervenir. Desde el reflejo del cristal de mi ventana con fondo de nieve, alguien a quién conocí íntimamente me devuelve la mirada y sonreímos. Estamos a casa.

Kotori







* shinkansen Tsubame : Tren bala Golondrina. El equivalente al AVE español
* irori : Es un tipo de chimenea consistente en un hoyo cuadrado escavado a ras de suelo, tradicional en Japón. Se usa para calentar el hogar y cocinar
*suzuri :  Tintero tallado en piedra negra soluble al agua, usado para el arte de la caligrafía o el sumi-e.

viernes, 12 de julio de 2019

HAIBUN: UN BORDADO DE PÁJAROS POR KOTORI


 fotokotori



UN BORDADO DE PÁJAROS

En las tardes de mayo, mi madre bordaba al sol mientras escuchaba por la Marconi la retrasmisión de los toros de la Feria de San Isidro.
Nuestra gata Sofi se acomodaba en su hombro izquierdo y miraba hipnotizada el hilo que, con un monótono frú-frú,  aparecía y desaparecía de la tela tensada en el bastidor.
Dentro de una caja metálica algo abollada, mamá guardaba entre botones, gomas y corchetes, tijeras de distintos tamaños y función. Era muy cuidadosa con su manejo quizás por el miedo irracional a la mala suerte que traían si, por un descuido, éstas iban a parar al suelo y quedaban abiertas.
La belleza de la luz que caía a raudales sobre el bordado de pájaros centraba la atención de mis sentidos, quizás para abstraerme del disgusto que me producían los sonidos que salían de aquella radio y que me encogía el corazón.
Desde mi inocencia rogaba a San Isidro Labrador que obrara cada tarde de Feria, un milagro con lluvia torrenciales,  como aquél que hizo crecer las aguas del pozo en el que cayó su hijo salvándolo de morir ahogado, y librara así al toro de la agonía de la lidia y al torero de aquella profesión maldita que generaba tanto sufrimiento.
Miraba al cielo esperanzada, con esas nubes de mayo tan blancas, preñadas de lluvia, acumulándose y creciendo. Pero se ve que el santo debía atender a muchos ruegos que le pedían a gritos, más poderosos que los de aquella niña,  que luciera el sol en el albero.




una vuelta al ruedo;
con la tijera cigüeña
recorta el festón




Kotori 2018

miércoles, 6 de marzo de 2019

jueves, 6 de diciembre de 2018

LA CHOZA DEL HAIJIN 俳人の山小屋 EL CAMINO DEL AGRADECIMIENTO por Mercedes Pérez





LA CHOZA DEL HAIJIN

俳人の山小





Encuentro de haiku en Aýna (Albacete) 2011




EL CAMINO DEL AGRADECIMIENTO por Mercedes Pérez


“No me consideraría una persona digna si llegado a este punto obviara la mayor de mis certezas  en el mundo del Haiku- dô y es la de que no lo podría haber hecho sin la cercanía y amistad de haijines, caminantes y peregrinos con los que he transitado  y sigo haciéndolo,  en la búsqueda de algo de luz que desbroce el camino del haiku en castellano. Sin duda, el mejor regalo que me ha traído el haiku entretejido entre sus versos.
Hace unos años, redacté unas palabras que sigo suscribiendo y que aunque no sean una novedad para muchos de vosotros, me gustaría volver a compartirlas porque siguen representando lo que siento…”.  Así es como estaba esbozada, en un principio, esta última entrega  de LA CHOZA DEL HAIJIN. Pero algo ocurrió en este año que ha tenido un gran impacto en mi vida y que no puedo obviar: la muerte de mi padre. Por ello, también quiero ofrecerle mi agradecimiento a él que me enseñó a amar a los pájaros.  Y la mejor forma que tengo de hacerlo, a pesar de las dudas y el pudor que me produce, es mostrar lo que en estos meses fue surgiendo en forma de haiku y que me ayudó de manera incuestionable a mantener el rumbo dentro de la tormenta. Que el haiku es una vía de sanación, no me cabe la menor duda. El haiku es mi propósito de vida, mi ikigai.

Dômo arigatô gozaimishita.






HAIKUS A LA MUERTE DE MI PADRE



Diario haiku sobre la enfermedad de mi padre,  año 2018.

FEBRERO… tan sólo un pequeño dolor que te hacía difícil el caminar y sin embargo lo hacías. Pensábamos en una simple hernia, seguro que con la natación en agua calentita te ibas a mejorar. Pero la vida parece tener su propia idea de cómo han de ser las cosas…

el cáncer de papá…
una pareja de gansos silvestres
en la ventisca

MARZO ha sido un mes en el que ha llovido y ha nevado mucho. Del hospital a casa… Más pruebas e incertidumbre sobre el alcance de su enfermedad. Me voy a vivir a la casa de mis padres para estar cerca de él. Nos enfrentamos a cosas que dan miedo: medicaciones, efectos secundarios, alucinaciones, certezas…



afeito a mi padre…
por las flores de almendro
resbala la lluvia

-.-

sala de quimio;
sin mirarnos  y sin mirar,
busco su mano

-.-

algo de sol…
el médico se va silbando
 Entre candilejas

-.-

la luz del alba
en la cama del enfermo;
malas noticias

-.-

gorriones bajo el jazmín…
mendrugos en un cuenco
lleno de lluvia

-.-

Día del padre…
desde su lecho contemplar
como cuaja la nieve

-.-


nieve sobre las flores;
en la primera arcada,
la dentadura

-.-

intensa nevada…
de sus ojos  desaparece
el dolor de huesos

-.-

la sonrisa de papá…
el rabilargo voltea
mendrugos con nieve

-.-

noche de vendaval;
también yo veo
hormigas negras

-.-


para mi padre enfermo
el olor de la lluvia
en las violetas

-.-


ABRIL nos ha traído la certeza del alcance de la enfermedad de mi padre. El tiempo… queda poco, siempre es poco cuando se trata de un ser querido. Imposible seguir cuidándole en casa a pesar de nuestra mejor disposición para hacerlo. Nos trasladamos a la unidad de cuidados paliativos en el Hospital de la Fuenfría, un paraje impresionante en plena montaña.

-¡Qué un buen lugar para partir!–pienso- Aquí se está más cerca del cielo que de la tierra.

Un bosque de pinos silvestres, cerezos y ciruelos nos acompañan aliviando la tristeza del momento. La nieve y las flores. Un regalo para mi padre que así lo vive. Las aves diurnas y nocturnas nos retan a reconocerlas, aliviando el tedio de las horas en la habitación que poco a poco se ha ido llenando de recuerdos traídos de casa: fotografías, el reloj despertador que insiste en tener a la vista, un jarrón para las flores de su jardín… Es consciente de que nunca volverá a pisar su casa y lo lleva bastante bien. Con un agradecimiento que me resulta ejemplar por el optimismo que encierra y  que yo no poseo, me dice que siente que está viviendo unas vacaciones primaverales en un lugar precioso y que, curiosamente, frecuentó mucho en su juventud cuando acampaba por la zona.

vuelvo al hospital…
entre la calima
los ciruelos en flor

-.-


desde su lecho
papá distingue
la voz de las cornejas

-.-

un paseo al solecito,
de vez en cuando nos caen
pétalos de ciruelo




Es MAYO y sigue nevando aunque la nieve no llega a cuajar debido al calor que ya tiene la tierra. Vivimos momentos que van de la risa al llanto, de la desesperación a la aceptación. “Celebramos” que el día 12 hizo dos años que “mamá nació en el cielo”. –Es una forma de verlo- me dice con los ojos turbios por las lágrimas que guarda para sí.

un reflejo
en el retrato de mi madre…
la cama del hospital


-.-


vómito oscuro…
mi padre pide que le limpie
las lágrimas

-.-

mientras coge cosas
que no veo,
mi padre me llama mama

-.-

papá habla
con su hermana difunta…
de azul a blanco, el cielo



El día 23 de Mayo de 2018 a la 1: 48 de la madrugada, papá ha fallecido agarrado a mi mano y en total calma. Cuando salgo, aturdida y agotada, del hospital camino de casa, en el pinar resuena la voz de un cárabo. Lejos de sentir aprensión o miedo, tengo una maravillosa conexión con lo inefable. Me voy en paz.

Que la tierra te sea leve y a nosotras también.

papá ha suspirado
tres veces…desde el pinar
 la voz del cárabo





Mercedes Pérez para ERDH , diciembre 2018